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Hijo de Guanaroca

Hasta siempre amigo José Rivero

[…] El húsar vestido de gordo se sonrío, me alargó sus manos peludas, y me indicó el camino a la costa, donde el mar, lleno de alaridos, se hacía más negro y sensual. Fue entonces cuando me desperté, acariciando la penumbra del Océano […]

«Soñar en infierno». José Rivero García

Nuestra tierra sobredimensionada, desbordada, generosa como pocas, atesora dos Evas: Guanaroca creadora de hombres y Jagua de las mujeres, seres surgidos del Sol (Huión) y la Luna (Maroya) en una marcha evolutiva inconclusa, imperfecta y truncada de nuestra desbordante identidad, aderezada de hispanidad sincrética al amparo de África, madre de todos. 

De este güiro, un buen día emergiste de una Eva primigenia en la ciudad de Camagüey en el año 1947, antes que el dogma importado enfermara de gravedad nuestra identidad caribeña, obnubilados entre consignas, mentiras y quebrantos. Abrazaste el periodismo en el año 1979 esquivando como todos las imposiciones y limitaciones, se convirtió en lucha por nuestros derechos y libertades al formar parte de la fundación de la agencia de prensa CubaPress (1995), dirigiste el Círculo de Periodistas de La Habana, y firmas La carta de los diez. Detenido el 24 de febrero de 1996 por agentes del Departamento de Seguridad del Estado te viste avocado al exilio, destino impuesto que los “modernos” rubricados con sus egos llaman “vieja guardia”, pero que en realidad son los que perdieron el derecho a pisar su tierra por una Carta Magna corrupta. Continuaste con tu empeño de un periodismo libre en el destierro con la dirección de Revista Carta de Cuba, cuyo precepto era «La escritura de la libertad», en ella tuve el placer de ilustrar una edición siempre inteligente y crítica. 

José Rivero García

Sería imposible enumerar tu trabajo periodístico, pero como narrador de realidades posibles publicaste los relatos «Cuentos de Camarico» (1876), «En el último instante» (1977), «El día de San Juan» (1981); y las novelas, «Sólo los muertos molestan» (1981), «Cartas a Rosa» (1988) y «Soñar con infierno» (1996)…

Todos estos prodigios y voluntades se olvidan por la levedad de la noticia y la superficialidad de las mentes en plena era de la incomunicación, pero no para los que te queremos y vivimos momentos de extrema amistad y belleza al contemplar juntos El Guernica, donde aprovechaste para recordarme con tu ecuanimidad de siempre: «—¿te acuerdas cuando te dije que el dibujo es la base de todo?». Tampoco olvido tus crónicas sobre mi madre: «Olga Bustamante, toda una estilista de los géneros peninsulares, que con su Farruca mostró además de su técnica y profesionalidad, ese amor que solo es posible cuando se sabe entregarlo todo sobre el escenario»; y tus palabras al catálogo de nuestra exposición ocupan un lugar en nuestros baúles viajeros: «[…]Los cronopios de Roberto Carril nacieron después del paso de un huracán[…]», «El enigma y la pureza de los paisajes de Mayra son el reflejo de una artista consumada en nutrir de colores propios un mundo lleno de entusiasmo y positividad, que repliega la tristeza[…]». 

El arte es lo que te hace temblar de pasión. Recuerdo nuestro último paseo por Madrid envueltos en el humo de tu puro proscrito, mientras admirabas las pantorrillas de las gallegas en la Plaza de Santa Ana. 

¿Sabes que conservo unos textos que escribí a la edad de 18 años?, la mayoría son terribles, pero algunos se salvan si cierro un ojo y el otro también. En Mariposa crisálida me otorgaste cinco estrellas, se puede ver en este poema tus más que generosos comentarios a ese imberbe creador. 

¡Adiós amigo! 

Que una suave ola te lleve al encuentro de los grandes hombres, y que junto a ellos inspires nuestros sueños.

Un abrazo sin fin, a ti y a tu familia de un creador que escuchó tu consejo.

Roberto Carril Bustamante

José Rivero García

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